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Editorial
Susan Sontag
Por
Enrique Alacid
(Nueva York, 1933-2004) Escritora y directora de cine, considerada una de las intelectuales más influyentes en la cultura estadounidense de las últimas décadas. Su padre, Jack Rosenblatt, que había trabajado como comerciante de pieles en China, murió de tuberculosis pulmonar cuando Susan tenía apenas cinco años. A los quince años, ya había terminado sus primeros estudios e ingresado en la Universidad de California en Berkeley.
Tiempo después, continúa sus estudios en Harvard, donde obtiene el doctorado en filosofía. En 1957 continúa sus estudios en La sorbona. Vuelve a Nueva York y a partir de 1963, desarrolla una fructuosa labor como ensayista, novelista y se atrevió a indagar en temas complejos como las drogas, la pornografía, la política y la literatura occidental.
También recaló en el guión y la dirección cinematográfica, sin demasiada trascendencia.
Por esas fechas, enferma de cáncer, relatando sus propias experiencias con la enfermedad; el resultado de estas anotaciones, culminó en “La enfermedad y sus metáforas” y diez años después, lo ampliaría a “El SIDA y sus metáforas”, ambos textos examinan la forma en que los mitos de ciertas enfermedades crean actitudes sociales que pueden resultar más dañinas para el paciente que las enfermedades mismas.
Activista de los derechos humanos, estuvo en la defensa de escritores encarcelados, y en los ochenta, visitó Sarajevo, en plena guerra de los balcanes, donde dirigió “Esperando a Godot” de Anton Chejov, en un teatro bombardeado y a la luz de las velas.
El 28 de Diciembre de 2004, el cáncer frenó la increíblemente creativa vida de Susan, aunque ella ya se había adelantado con la siguiente frase: “ninguna muerte es definitiva”
Desde mediados de los 70 -fecha en que le diagnosticaron un cáncer de mama- "la Sontag" empezó a conspirar contra el silencio social, contra el "secreto de la enfermedad", esa forma muy siglo XX -de acuerdo a las investigaciones de Philippe Aries- de esperar la llegada de último
instante.
En un mundo ya desposeído de ritualidad, en el que han desaparecido las metáforas y la enfermedad ya no anuncia nada, ni es portadora de mensajes a descifrar -como lo fue en el caso del bíblico Job-. Un mundo demasiado laico y vulgar en el que "la práctica médica" - a despecho de Hipócrates- se limita a extender recetas, perpetuando el miedo del paciente (y la sociedad) ante la enfermedad; asunto que también se amplifica en la verborrea de sociólogos, politólogos y periodistas que se complacen en redundar sobre los "cánceres" sociales: el "cáncer de la corrupción", "el cáncer del narcotráfico", "el cáncer de la partidocracia".
Cuando el filisteísmo estadounidense se regodea en la condena por el 11 de septiembre, ella escribe en The New Yorker otro de sus ensayos trasgresores, para enmendar los simplismos de George W. Bush, ese otro cáncer que nos mandó la historia.
En 1997, otro cáncer la visita; esta vez de útero, que no la amilana para continuar su prolífico trabajo. Finalmente, como si hubiese librado una batalla personal contra el cáncer, contrae leucemia, con la que lidia hasta su muerte, el 28 de Diciembre de 2004.
*(Algunos Párrafos de este comentario, pertenecen a Walter Chávez, director de la Editorial Malatesta) Algo más de la Sontag: - 31 de Diciembre Escribir un diario. Es superficial entender el diario íntimo apenas como receptáculo de los pensamientos privados, secretos, algo así como un confidente sordo, mudo y analfabeto. Escribiendo el diario no solamente me expreso más
abiertamente que con cualquier persona, sino que me creo a mí misma. El diario es un vehículo para mi sentido de personalidad. El me presenta como alguien emocional y espiritualmente independiente. Por lo tanto (¡ay de mí!) no se limita a registrar mi vida cotidiana, mi vida real. Me ofrece, en cambio —en muchos casos— una alternativa a esa vida.Escribir. Es inmoral escribir con la intención de moralizar, de elevar las
pautas morales de la gente.
- 8 de Agosto Amar duele. Es como entregarse a ser desollado y saber que en cualquier momento la otra persona podría irse llevándose tu piel. - 9 de Dic. de 1961 El miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es equivalente a la sensación de estar usando mal el presente.Los únicos pensamientos que tengo que parecen ser "verdaderos" son los pensamientos sobre el pensamiento (y el sentimiento): sus contornos, su metodología, sus dilemas. Los pensamientos sobre cómo las cosas están "en el mundo" (estimaciones de personas, arte, ideas políticas) no siguen siendo
- persuasivos durante mucho tiempo. ¡Uno vuelve a mirar esa realidad...!
Habría mucho más para rescatar de “la Sontag”, pero creo que estas cortas líneas la definen de una inteligencia excepcional, con un sentido siempre crítico de la realidad y a la vez constructivo del lugar desde donde uno debe pararse y actuar en la vida.
Dr. Enrique Alacid
Noviembre de 2008
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