SER MEDICO AYER, HOY Y MAÑANA

Autor: Alberto Agrest
Libros del Zorzal

 


 

Sintetizar en 200 páginas las funciones y objetivos que cumplía el clínico ayer, en lo que podríamos decir hasta hace sesenta años, en las que debe cumplir actualmente, es decir, en los últimas décadas  y lo que deberá ser en el futuro, es una tarea ciclópea que solamente una mente privilegiada como la del Dr. Alberto Agrest, puede realizar en forma clara, iluminadora, integral y provocativa.
Cuando Agrest se recibe en 1947, ser médico significaba haber adquirido los conocimientos básicos en la Facultad y la experiencia en los hospitales con los pacientes y los colegas. Los ingresos de los enfermos privados y los bajos salarios hospitalarios permitían llevar una vida de clase media, gozando del respeto y afecto de pacientes, familiares y de la sociedad toda.
Los conocimientos médicos avanzaban lentamente y era relativamente fácil estar al día leyendo dos o tres revistas extranjeras de buen nivel. Había tiempo para abarcar la literatura universal y sobre todo, tiempo para la reflexión.  La tarea médica era curar, aliviar o confortar; la prevención era tarea de los higienistas.
El crecimiento exponencial de los conocimientos y la velocidad de acceso a la información, junto con la reducción del tiempo disponible para estudiar, la multiplicación del número de pacientes- que se atienden para cubrir necesidades económicas-y, en consecuencia, el menor tiempo dedicado a cada uno,  ha tensionado enormemente la relación del médico con el paciente y con el conocimiento. La menor relación con el conocimiento llevó a la fragmentación y atomización de las especialidades y subespecialidades, mientras que la tensión de la relación con el paciente llevó a la pérdida de la relación personal y de la confianza, base de toda acción terapéutica. Por otro lado, el médico ha sido colocado a la cabeza de la prevención.  No es de extrañar, entonces, que el médico de hoy enfrente una problemática completamente diferente al médico de ayer.
 El Dr. Agrest analiza diferentes temas, en otros tantos capítulos, con notable lucidez.                     En la “Economización de la medicina”, señala como el médico se ha transformado en un mediador entre el paciente y los empresarios de la salud y nos recuerda no caer en la trampa de la novedad, sino tener siempre clara la diferencia entre lo necesario y lo superfluo.                                                        En ”Medicina basada en la importancia”, que no opone pero supera el enfoque reglamentado de la medicina basada en la evidencia, privilegia como objetivo fundamental mejorar la calidad de vida del paciente y prolongar la vida en forma satisfactoria, por encima de normalizar parámetros de laboratorio  o seguir guías de expertos.
En el capítulo El médico de hoy, rescata la necesidad de conocer  la  biografía personal del paciente a través de una anamnesis respetuosa, que le permita comprender su forma de reaccionar ante la enfermedad. Este primer contacto empático debe completarse con un examen clínico completo que no sólo puede revelar  claves de enfermedades a investigar, sino también transmite serenidad y seguridad al enfermo angustiado. Todos los estudios de laboratorio e imaginológicos toman relevancia dentro del contexto de la historia bien tomada y del examen semiológico bien realizado. Proceder de otra manera, lleva muchas veces a estudios y conductas innecesarias, cuando no peligrosas.
En “El error médico”  emprende una cruzada para que se establezca un Centro de Datos de errores médic os, no con carácter punitivo, sino como fuente irreemplazable de aprendizaje para todo el cuerpo médic o y para evitar su repetición.
El libro termina con el capítulo “Un nuevo estatuto médico para un nuevo milenio”, excelente guía para los médicos jóvenes y los no tan jóvenes.
Como dice Guillermo Jaim Etcheverry  en su meduloso prólogo, este libro debería ser de lectura obligada para quienes se dedican a la medicina y más aún para las nuevas generaciones que planean hacerlo.

 
 
 
 
 
 

Periódicamente, el Dr. Lázaro Gidekel, recomienda obras literarias de interés general.


 
 
 

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