La Hermana, Sándor Maráis

NARRATIVA  SALAMANDRA

 

Sandor  Marais es un escritor húngaro nacido en el año 1900. Exiliado a los Estados Unidos en 1948 por la ocupación soviética que había prohibido la publicación de sus libros. Pasaron varias décadas hasta  que se conocieran sus obras y fueran plenamente valoradas. Se quitó la vida en 1989 en San Diego.

La Hermana fue la última novela escrita antes de su exilio.

Se trata de un  notable relato que tiene como centro una extraña enfermedad que afecta a un famoso pianista, después de un concierto en Florencia, el mismo día que los nazis se  apoderan de Varsovia. “En el destino de una sola persona, la fatalidad puede condensarse con la misma intensidad que en el de pueblos enteros”

La enfermedad comienza con síntomas indefinidos: “No me siento bien”. Aparecen parestesias en las manos, dolores intensos en la boca del estómago y en todo el cuerpo, y después de unos días se instala una parálisis de los miembros, dificultad para hablar y tragar, que obliga a alimentarlo por sonda. Cuando desesperado, el músico pregunta qué tiene, los médicos le dicen que creen que se trata de una enfermedad viral, y darle un nombre en latín no significa que se la conozca.

La enfermedad se transforma en un escenario donde se desarrollan en forma admirable las vivencias del paciente en su .lucha por sobrevivir y por encontrar un sentido a la misma, la actuación de tres médicos paradigmáticos, la presencia silenciosa y determinante de cuatro monjas enfermeras, y como fondo que envuelve a todos, el misterio de la fe, de la existencia de una dimensión transracional, de un Dios que está detrás de todo, del amor que transforma y da sentido a la existencia.

Las vivencias del enfermo pasan de la rebeldía, angustia, temor a la muerte y a lo desconocido, cuestionamiento de su vida dedicada solamente al perfeccionamiento de su música, al enfrentamiento con  el único amor de su vida, una joven y bella mujer casada con un diplomático de edad, neurótica y frígida.

El dolor insoportable lo hace caer en el uso de los opiáceos.  Las “citas químicas” nocturnas son descriptas en forma admirable, y  nos hacen comprender toda la fuerza de esta adicción psicobiológica.

El profesor que le atiende desde el comienzo es un hombre de edad, sabio, cauto en sus palabras y gestos, siempre le habla con objetividad de su enfermedad y perspectivas, no le miente o consuela como a un niño, plantea de hombre a hombre lo inevitable, con madurez y sencillez, pero siempre manteniendo la esperanza, respetando su dignidad. 

Conoce los límites de la ciencia, de la que es uno de sus mejores representantes, pero no se anima a traspasarlos. Comprende  que solamente sabe tratar a los enfermos : curarlos depende del mismo paciente o de otras fuerzas desconocidas. Su visión es amplia e integral. Cuando asiste a un paciente por primera vez en su casa, se pregunta siempre: ¿Cuál es la mentira que terminó en esta enfermedad?

El médico asistente del Profesor, una persona desaliñada y a veces desagradable, le dice de entrada que solamente Dios cura. La enfermedad es solamente la violación del mundo. Dios abandona al hombre, se retira de él… y aparece la enfermedad. Esta concepción mágica hace que

el enfermo lo llame el médico chaman, a quien no deja de escuchar con atención y desconcierto.

Le enseña otra forma de ver a la enfermedad.

El tercer tipo de médico se encarna en el famoso especialista neurólogo de Nápoles, llamado en consulta para atender al célebre enfermo. “Yo, el enfermo, no le interesaba en absoluto; sí le interesaban mis brazos y piernas, sus reflejos y sensibilidad, sus fuerzas y coordinación”.

Excelente descripción del médico técnico, alejado de la humanidad del paciente.

Completan el escenario cuatro monjas enfermeras, completamente distintas, pero unidas por su vocación de servicio, tanto de orden natural como sobrenatural. La descripción y actitud de cada una de ellas es otro hallazgo de la obra, pero escapa a la brevedad de este comentario. Sólo mencionamos la reflexión del enfermo cuando lo bañan desnudo una de las enfermeras: “El  pudor existe donde hay deseo y remordimiento. La enfermedad había matado mi deseo en  mi cuerpo y me había despojado del remordimiento”.

En síntesis, un novela-ensayo, como todas las obras de Marais, que ayudan a reflexionar y a profundizar en los misterios del ser humano, tanto sano como enfermo. 

 

 
 
 
 
 
 

Periódicamente, el Dr. Lázaro Gidekel, recomienda obras literarias de interés general.


 
 
 

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