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Responsabilidad profesional
médica
Dr. José Pigliacampo
El
acto de responsabilizar al médico por
determinados daños generados por su accionar
profesional no es una costumbre contemporánea.
Se sabe que 2000 años A.C. el código de
Hammurabi castigaba con la amputación de la mano
o del brazo al cirujano que produjera la muerte
de algún paciente.
En el tiempo de Alejandro Magno un médico fue
crucificado por el abandono de un paciente. En
el derecho Romano, un acto de negligencia médica
merecía severos castigos y en la legislación
española medieval el médico que causaba un daño
grave a una persona podía quedar a disposición
de los familiares del paciente afectado o del
Rey siendo a veces desterrado de la zona en que
vivía. A pesar de su antigüedad la
responsabilidad profesional no era habitualmente
exigida.
A mediados del siglo I XX, se iniciaron en
Francia los primeros juicios por actuaciones
profesionales médicas graves generando de alguna
manera condenas por: negligencia, imprudencia,
impericia y la compensación o indemnización a
través de pagos a favor de las victimas o
familiares, denominándose responsabilidad médico
judicial.
En la segunda mitad del siglo XX, en los EEUU ,
donde adquirió relevancia el derecho de las
personas , la medicina tradicional no escapo a
estos nuevos lineamientos sociales y con la
denominación de malpractice se incrementaron las
demandas por el accionar indebido de los
médicos.
En nuestro país desde comienzos de la dedada de
los años 80, en materia del ejercicio
profesional médico surgieron una serie de
cambios generados por diversos motivos, pero
entre los más destacados se encuentran: A) La
globalización de la economía (prestaciones de
alta calidad, al menor costo posible) y B) La
plétora médica.
Esta ecuación fue seguida atentamente por los
directivos de las obras sociales estatales ,
sindicales , privadas , sistemas de prepago
,consultoras , intermediarios , especialistas en
ciencias económicas , juristas, abogados y
entidades médico- sanatoriales que encuentran
terreno fértil con el fin de introducir entre
otros , programas de prestaciones copiados de
países desarrollados como EEUU, Canadá, hoy ya
desactualizádos y dando marcha atrás por sus
penosos resultados, como lo señalan numerosas
publicaciones científicas, mientras que en
nuestro país sus promotores hablan de la
excelente calidad de atención que se brinda a
sus clientes. (Termino, este último que
reemplazó al de paciente)
Estos hechos sumados a que las entidades médicas
deontológicas, gremiales, científicas, en
algunos casos, por desactualización de sus
estatutos, y en otros por falta de voluntad
política de luchas por sus miembros concientes
de sus deberes y responsabilidad se ha logrado
quebrar la relación médico – paciente, tan cara
al sentimiento de la inmensa mayoria de los
profesionales del arte de curar, sobre los
cuales los grupos de poder responsabilizan en
forma directa al médico hablando de
deshumanización , paternalismo, ausencia del
médico de familia, excesivo apoyo tecnológico,
etc.
Hoy las demandas no son solo están dirigidas al
médico sino que la avidez económica hace que se
extiendan al resto del cuerpo profesional,
instituciones prestasionales (sanatorios
hospitales, clínicas).
Por el otro lado no debemos dejar de reconocer
nuestra cuota de responsabilidad ya que siempre
detrás de una denuncia por daño, hay un
profesional médico que asesora al estudio
jurídico demandante y por último no saber
reconocer esta nueva situación laboral a la cual
debemos prevenir actuando cuidadosamente y
alejarnos de la posición individualista pensando
que estas cosas nunca nos van a ocurrir.
En la actualidad tenemos que entender que
tenemos un nuevo juramento hipocrático, tratar a
nuestros pacientes con la diligencia debida pero
concientes que debemos actuar con una verdadera
vocación preventiva para evitar un error médico
sabiendo que debemos hacer, que no debemos hacer
y porque debemos luchar.
A)
QUE DEBEMOS HACER:
Se debe ser extremadamente cuidadoso en la
asistencia de los pacientes; todos y cada uno de
los actos médicos deben ser ejercidos luego de
haber completado la curva de aprendizaje,
suficientemente acreditada a través de (cursos,
residencias, concurrencias, asistencia a centros
especializados). De no contar con ellos,
integrar un equipo médico entrenado, con guías
de procedimientos actualizadas en cada una de
las acciones médicas, diagnósticas, terapéuticas
y de seguimientos.
Observar de contar con centros asistenciales con
capacidad instalada adecuada para las mismas
(elementos para decontaminación instrumental,
resucitación, sala de recuperación, etc.,)
Recordar que cada acto médico, entraña riesgos
inherentes al mismo, por tal motivo, aunque se
tenga amplia experiencia, se le debe explicar al
paciente y allegados, todos y cada uno de los
detalles que van a ponerse en marcha tras la
atención del caso. Ofrecerles los diferentes
recursos disponibles en la actualidad, no
prometer resultados, enumerarles los riesgos
posibles descriptos en la literatura y hacerlo
personalmente y no a través de la secretaria
porque usted no tiene tiempo (es imperdonable a
juicio de cualquier funcionario de la justicia).
Asistirlo con diligencia, respeto y paciencia,
diariamente en los casos internados y exámenes
específicos, asentado en historias clínicas, e
informes, con letra clara los comentarios que
dictan las buenas prácticas de las mismas.
Por último, no olvidar la sacrosanta obligación
de hacerles firmar el consentimiento informado
(siempre que se pueda escrito), al paciente (si
está conciente) y/o familiar, o de lo contrario
asentarlo en H.C.
Estimado colega, este acto contrariamente a lo
que muchas veces escuchamos en conferencias y
cursos de responsabilidad civil médica, tiene
inestimable valor legal, claro no será así, si
es llamado en la madrugada por una urgencia o en
horas que a su juicio sean inoportunas y no
acude asistir al paciente o no da las
explicaciones pertinentes del caso o comete la
imprudencia de no efectuar los estudios o
exámenes en tiempo oportuno o no solicitar la
colaboración de un colega en caso de tener
dificultades para resolver un determinado
problema. No se sienta mal por compartir ideas ó
estrategias con otros profesionales.
B) QUE NO DEBEMOS HACER:
No escatimar esfuerzos para brindar lo mejor de
su conocimiento. No abandone al paciente que
asiste, en manos del médico de guardia del
hospital o sanatorio en caso de imposibilidad de
seguimiento; adviértales al paciente y
familiares que un integrante de su equipo
controlará la evolución clínica y /o
postoperatoria.
Frente a todo caso complicado o difícil esté
dispuesto a todo tipo de consultas u opiniones
(siempre que las mismas sean con profesionales
dignos) y si a usted le toca actuar en tales
circunstancias, no encubra los errores, pero
piense muy bien en los términos a utilizar a fin
de no perjudicar a nadie en tan críticos
momentos.
Una vez más aprendamos de nuestros propios
errores, antes de manifestarles enojo o disgusto
a un paciente o allegado, cuente hasta diez,
recomponga su posición, e intente mantenerse
sereno y cuidadoso en sus términos .Este momento
de reflexión es mucho mas valioso que muchos
cursos, conferencias y publicaciones realizadas
por usted.
C)
PORQUE DEBEMOS LUCHAR.
Debemos salir de nuestra acostumbrada posición
individualista y bregar sin pausa, para lograr
que se legisle sobre el valor vida y los
resarcimientos económicos desmesurados
establecidos por la justicia ya que los mismos
son varias veces mas elevados que en otros casos
de responsabilidad civil por otras
circunstancias. Solicitar a las autoridades
respectivas limitar el tiempo en el inicio de
las demandas (en la actualidad es de hasta diez
años). Lograr cambios necesarios para que no
todos los demandantes litiguen en condiciones de
pobreza y si se demuestra que no es correcta,
que la responsabilidad recaiga sobre los
demandantes.
Por último intentemos unirnos para luchar por un
honorario que nos permita vivir dignamente y
contratar un servicio de seguro de
responsabilidad civil con suficiente cobertura y
sin sorpresas como estamos acostumbrados a ver,
por no haber leído las letras más pequeñas de
las pólizas.
Esta es solo algunas reflexiones, que
seguramente puede generar opiniones encontradas
o criticas adversas ya que se trata de de un
tema muy caro al sentimiento profesional del
arte de curar y un blanco muy codiciado para
algunos médicos, abogados y representantes de
empresas de seguros, inescrupulosos, cuyas
intenciones hoy se conocen en profundidad y
contra las que tenemos que luchar, con el mismo
entusiasmo con el que ejercemos nuestra
profesión y tratar de neutralizarlos
en esta lucha desigual.
Debemos recomponer nuestra estima, saber que
gracias al esfuerzo de algunos colegas, a través
del Círculo Médico de Rosario, los jueces
interviniéntes en casos de responsabilidad civil
médica solicitan informes a las filiales
científicas que lo integran en casos de
necesidad, dando marco adecuado a sus
evaluaciones técnicas.
Finalmente es recomendable que los médicos
tengamos en nuestras manos el texto de la ley
provincial N 4931 sancionada por el poder
legislativo el 13-nov.1958 sobre el código de
ética de los profesionales del arte de curar y
sus ramas auxiliares de estimable ayuda en la
profilaxis de nuestro ejercicio profesional
Dr. José Pigliacampo
Mat. 3819
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